¿Por qué el café sabe diferente según su origen?
Chocolate, frutos secos, flores, cítricos, caramelo… Si has probado cafés de distintos lugares del mundo, seguramente habrás comprobado que no todos saben igual.
Pero ¿por qué el café sabe diferente según su origen?
Aunque todos parten del fruto de la planta del café, hay muchos factores que influyen en el sabor que finalmente encontramos en la taza. El país de procedencia es importante, pero también lo son el clima, la altitud, el suelo, la variedad del café o la forma en la que se procesa después de la cosecha.
Todo ello hace que cada café pueda tener su propia personalidad. Vamos a descubrir por qué.
El lugar donde se cultiva deja su huella
Al igual que ocurre con el vino, las características del lugar donde se cultiva el café influyen en su sabor.
Temperatura, lluvias, horas de sol, composición del suelo… las condiciones cambian de una región a otra y afectan al desarrollo de la planta y de sus frutos.
Por eso, dos cafés de la misma variedad cultivados en lugares diferentes pueden ofrecernos perfiles de sabor distintos.
Es precisamente esta diversidad la que hace tan interesante descubrir cafés de diferentes orígenes.
La altitud también influye en el sabor
Muchos cafés de calidad se cultivan en zonas de gran altitud.
A mayor altura, las temperaturas suelen ser más bajas y el fruto madura más lentamente. Este desarrollo pausado puede favorecer una mayor complejidad de aromas y sabores.
Por este motivo, la altitud de cultivo es uno de los datos que encontramos habitualmente cuando hablamos de cafés de especialidad.
No significa que cuanto más alto se cultive un café sea automáticamente mejor, pero sí es uno de los factores que contribuyen a definir su personalidad.
Colombia, Etiopía, Brasil… cada origen tiene sus matices
Aunque no podemos decir que todos los cafés de un mismo país sepan exactamente igual, sí existen algunas características que suelen asociarse a determinadas zonas productoras.
Por ejemplo:
Etiopía:
es conocida por cafés muy aromáticos, con notas florales, cítricas y afrutadas.
Colombia:
suele ofrecer cafés equilibrados, aromáticos y con una acidez agradable.
Brasil:
encontramos con frecuencia perfiles más dulces, con notas de chocolate, frutos secos o caramelo.
Guatemala:
puede ofrecer cafés con buen cuerpo, dulzor y notas achocolatadas o especiadas.
Dentro de cada país existen, a su vez, diferentes regiones, fincas, variedades y métodos de producción. Por eso el mundo del café ofrece tantas posibilidades.
La variedad de café también importa
El origen no es el único responsable del sabor.
Dentro de la especie arábica, por ejemplo, existen numerosas variedades que presentan características diferentes. Algunas destacan por su dulzor, otras por sus aromas florales, su acidez o la complejidad de su perfil.
Es algo parecido a lo que sucede con las variedades de uva: el lugar de cultivo importa, pero también importa la variedad que se cultiva
El procesamiento después de la cosecha cambia el resultado
Una vez recogidas las cerezas del café, comienza otro proceso fundamental: separar y secar los granos.
Existen diferentes métodos de procesamiento y cada uno puede influir en el sabor final.
En un proceso lavado, por ejemplo, suelen aparecer perfiles más limpios y definidos. Los cafés procesados mediante el método natural, en cambio, pueden presentar sabores más dulces, afrutados e intensos.
Hay otros métodos y muchas variantes, pero lo interesante es saber que el sabor del café sigue evolucionando incluso después de recogerlo de la planta.
Y después llega el tueste
El tueste es otro de los grandes protagonistas.
El trabajo del tostador consiste en desarrollar las características del grano y encontrar un equilibrio que permita expresar sus cualidades.
Un tueste más ligero puede ayudar a apreciar mejor determinados matices del origen, mientras que al avanzar el tueste aparecen sabores más intensos asociados al propio proceso.
Por eso el mismo café puede ofrecer experiencias diferentes dependiendo de cómo haya sido tostado.
La preparación también puede cambiar lo que percibimos
Y todavía queda un último paso: preparar nuestra taza.
La molienda, la temperatura del agua, la proporción entre café y agua o el método de preparación influyen en lo que finalmente percibimos.
Un mismo café preparado en espresso y en una cafetera de filtro puede mostrar matices diferentes.
Por eso descubrir un café también consiste, en cierta medida, en encontrar la forma de preparación con la que más nos gusta disfrutarlo.
Viajar por el mundo a través del café
Entender por qué el café sabe diferente según su origen nos ayuda a disfrutarlo de otra manera.
Detrás de cada taza hay un lugar, unas condiciones de cultivo, una variedad, un método de procesamiento y un tueste que terminan definiendo su aroma y su sabor.
Probar cafés de distintos orígenes es una forma estupenda de descubrir esas diferencias. Un día podemos encontrarnos con notas florales y afrutadas y, en la siguiente taza, con chocolate, frutos secos o caramelo.
Y ahí está precisamente una de las cosas más interesantes del café: siempre hay nuevos sabores por descubrir.
¡Descúbrelos sin salir de casa!




















